JP MORGAN.
Esta famosa frase es lo que le contestó el banquero norteamericano a un amigo que le pedía un consejo sobre lo que debía escoger en cuanto a realizar inversiones más o menos arriesgadas.
Supongamos que tenemos dos oportunidades de inversión: la primera consiste en la posibilidad de conseguir una alta rentabilidad aunque el riesgo que se debe asumir es también muy alto. La segunda alternativa, con un muy bajo riesgo, se ofrece una rentabilidad más baja que la primera. En ambos casos siempre habrá personas que se inclinen más por la primera opción y personas que se inclinen más por la segunda. Esto hace que merezca la pena pensar un par de minutos sobre la relación riesgo-rentabilidad. El factor riesgo está íntimamente ligado al factor seguridad. Cuanto más peso se dé a la seguridad más próximo se está del riesgo nulo y, por consiguiente, de obtener una baja rentabilidad. Cuando se opta por una alta rentabilidad los aspectos de seguridad y riesgo suelen pasar a un plano secundario.
Aunque todas estas relaciones funcionan bastante bien hay que tener en cuenta varios aspectos adicionales:- En el mundo de las finanzas el riesgo nulo absoluto o, su equivalente, la seguridad absoluta no existen.
- Rentabilidades sospechosamente muy diferentes a las del mercado suelen esconder problemas ocultos.
- La diversificación del riesgo siempre ayuda a minorizar los posibles problemas aunque tampoco es garantía de nada.
Lo más difícil para un ahorrador consiste primero en decidir y acertar el dónde, cuándo, durante cuánto tiempo y en qué condiciones colocar sus ahorros. Todos estos condicionantes hacen que sea las decisiones realmente complicadas. Lo más aconsejable es conocer y analizar las diferentes alternativas que ofrece el mercado. Por naturaleza, el ser humano y el dinero suele tener aversión al riesgo. No siempre se está dispuesto a asumir un riesgo ante una eventualidad de conseguir una gran rentabilidad.
Seguridad. Se busca no sólo el recuperar la cantidad ahorrada sino que también se busca mantener el poder adquisitivo y no perder por los efectos perversos de la inflación.
Liquidez. Prima la capacidad de transformar con rapidez en dinero disponible la cantidad invertida.
Rentabilidad. Es la capacidad de generar unos beneficios añadidos sin tener que vender o perder parte de lo invertido.
Revalorización. Posibilidad potencial de que en el momento de la recuperación de la inversión se perciba un valor superior al invertido considerando el efecto perverso de la inflación. A la diferencia entre el valor conseguido y el invertido se denomina plusvalía.
Efecto fiscal. Beneficiarse de ciertos beneficios fiscales que pueden incrementar la rentabilidad. La finalidad suele ser estimular la inversión y el ahorro.

























