

|
Hace muchos años que viajo porque me gusta ir a la montaña. Uno de los países que más he visitado en mi vida es Francia. Al principio que tenía pesetas a la que las cambiaba por francos franceses no me permitían nada. Era evidente que era pobre. Los precios franceses eran prohibitivos para mí. Ahora tengo euros. Sigo viajando a Francia y ahora todo se me hace barato si comparo los precios a los que estoy acostumbrado a pagar. Yo me pregunto .... un croisant es un croisant hoy y hace 20 años. ¿Qué ha cambiado pues? .... La moneda. Es por este motivo que si queremos movernos por los mundos de la riqueza debemos reflexionar sobre lo principal: la moneda que usamos como objeto de nuestros pagos.
La realidad es que el valor del dinero en el tiempo cambia debido a factores como la inflación. Lo anterior hace que ya no baste con trabajar duro por el dinero sino que también debemos hacer que nuestro dinero trabaje duro para nosotros. por tanto, el hecho de tener $1 hoy que puedes invertir en algo que genere un mayor valor mañana hace que éste valga mucho más. Desde los organismos oficiales se intenta medir la inflación y para ello se calcula el índice de precios al consumo (IPC). Es una aproximación que pretende cálcular la pérdida del valor de nuestro dinero sin mucha exactitud. Pero en todo caso, aún cuando nadie tuviese quejas respecto del IPC oficial, la inflación que es verdaderamente relevante para el pequeño ahorrador pocas veces coincide con el índice ya que no se tiene en cuenta para su cálculo las variaciones de precios de los activos. Después de todo, el IPC no es más que la variación de precios sobre una canasta de bienes y servicios que supuestamente representa al promedio de los hogares, y con la cual pocos se sienten identificados. Estas situaciones hacen aparecer al IPC como un indicador que no refleja en su real dimensión la desvalorización de la moneda. Esto hace que se haga necesaria la búsqueda de instrumentos de inversión que permitan a los ahorros mantener la capacidad adquisitiva. Pero hay una complicación adicional: los refugios tradicionales como por ejemplo el dólar y el plazo fijo no aseguran una cobertura ni siquiera contra el IPC oficial. De manera que el inversor preocupado por sus fondos deberá adentrarse en otras alternativas algo más complejas.
Pero la inflación es un riesgo que se puede gestionar. Uno puede protegerse contra sus efectos de la subida de los precios. ¿Cómo? Invirtiendo en acciones. Esta afirmación puede parecer atrevida a primera vista ya que, generalmente, ante una subida general de los precios, los bancos centrales suelen reaccionar subiendo los tipos de interés, lo que no favorece demasiado la inversión en acciones, por lo menos en el corto plazo. Sin embargo, si analizamos a largo plazo el efecto de la inflación sobre los mercados bursátiles, este es relativamente moderado. Jeremy Siegel, autor del famoso libro “Acciones para el largo plazo”, indica que en periodos largos de tiempo las acciones han sido inmunes a la inflación, argumentando que si a corto plazo las compañías pueden verse afectadas, a más largo plazo suelen trasladar esos costes a los consumidores finales. Es cierto que aumentar el peso de las acciones en el total de nuestras propiedades aumenta la volatilidad de nuestro patrimonio. Pero si consideramos una inversión en acciones a largo plazo, esa volatilidad disminuye con el tiempo (sobre todo si esa cartera de acciones está bien seleccionada). Tradicionalmente, para luchar contra la inflación, el inversor ha acudido a activos como el oro o el inmobiliario pero, aunque estos activos han sido buenos protectores contra la inflación en determinados periodos del pasado (como en los años 70), nadie puede asegurarnos que esta relación se prolongará en el futuro.
"Inflación, parece que juegas un papel muy importante en mi futuro, y en vez de ignorarte y caer en tus garras, te estudiaré y estudiaré tus caminos. Estudiaré los modos en los que redistribuyes la riqueza y las lecciones de cómo algunos inversores quedan destruidos por la inflación pagando impuestos incluso cuando existen otros inversores que amasan fortunas teniendo una base impositiva mínima. Aprenderé a posicionarme de tal manera que la riqueza fluya hacia mí, y conforme más devastador sea tu efecto, más crecerá el valor neto de mis activos. Examinaré la ceguera oficial de los gobiernos hacia la inflación dentro de su política impositiva que crea el Impuesto de la Inflación, y en vez de enfadarme o desesperarme, comprenderé que un oponente ciego es un oponente débil, así que podré aprovecharme de su ceguera y utilizar la política fiscal para multiplicar mi riqueza real".
Daniel R. AMERMAN
Reflexionemos un poco ahora sobre la deflación. Como hemos visto anteriormente la inflación no deja de ser un impuesto yo diría incluso que lo es a lo "bestia" porque las naciones usan el tipo de cambio de su moneda para ser más ricas que sus vecinos. ¿Qué impuesto puede ser mejor que el que se puede cobrar a todos los habitantes del planeta que no tengan nuestra moneda? En cambio, la deflación aparentemente cae simpática porque se presenta como poder comprar más barato mañana que hoy. Y sin embargo, la espectacular deflación que hubo en muchos países de todo el mundo al comienzo del decenio de 1930 aumentó el valor real de las deudas (desprotegidas y no ajustadas al índice de inflación), lo que provocó millones de impagos y quiebras de bancos generalizadas. La deflación aumentó también el valor real de los salarios con respecto a los productos que se producen, con lo que provocó despidos masivos y desempleo. Y, por supuesto, los activos perdieron su antiguo valor. En fin .... suena a lo mismo que pasa en esta crisis actual. Los activos que no son líquidos no se pueden vender si no es asumiendo importantes pérdidas. ¿Qué hay que hacer en períodos deflacionarios? Principalmente no tener deudas, no vender por mucho que bajen los precios y procurar mantener o aumentar los ingresos.
"Los propietarios de acciones son mayoritariamente individuos ricos." REISMAN.
|